Silencio al fondo, de Alejandro Schmidt

Colaboración de Pablo Giordano |

Alejandro Schmidt: Silencio al fondo.
Ediciones Salido / Ediciones Radamanto, 2000. Poesía.

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Córdoba tiene una tradición poética que muchas veces se expresa más en cantidad que en calidad, y resulta difícil encontrarse con obras significativas a la hora de comenzar a conocer a los referentes. Una cita ineludible y uno de sus grandes exponentes (me gusta llamarlo herrero del género) es el villamariense Alejandro Schmidt. De entre sus más de 30 libros, Silencio al fondo, se me antoja inaugural, pequeño pero autosuficiente, en ocasiones autoflagelante pero orgulloso.

Se trata de un poemario sobre el acto de escribir, el ser que escribe versos, la poesía misma como condición irrenunciable, artificio y peligro. El poeta como efecto irremplazable de la rutina, la podredumbre, la muerte, el embrutecimiento de la soledad y el silencio. Un ser cautivo del decir insatisfecho.

Con pocas palabras
puede escribirse todo
pero al escribir todo
algo se borra

Dividido en dos partes (Carne Vacía y El Aire) los poemas de Silencio al fondo se desarrollan desde los títulos: qué puede esperarse de un hombre que solo ha luchado contra sí; poetas de provincia; en la oficina; por qué leo poemas en el trabajo; por qué nunca más presentaré un libro de poemas y otros que barren de luz los textos como faros de luz intermitente, insinuando la costa. Hacia el final la luz distancia cada vez más su frecuencia y nos desafía a mirar con lo aprendido, a avanzar palpando las rocas del símbolo y lo abstracto:

Pero la rosa y el amor son así
presencias
fuego del amparo

lluvia y demora
en la quietud del rayo

hay respuestas en la Tierra
y al fin

cuando todo se cumple

una raíz que justifica
la flor
su abismo
esta miseria.

Gracias a la casi ausencia de signos de puntuación, los versos de Schmidt se desplazan sobre el agua. Alrededor, solo desierto, aunque todos los poetas griten como monos en los árboles.

La palabra, resignada a esa mítica condena, festeja su condición de Sísifo en el poema Empujo una piedra, donde canta: piedra durísima / y feliz / donde refresco la muerte. Y le habilita dos preguntas de rigor al poema siguiente: ¿Qué hará el poeta sin su piedra? ¿Qué arrojará entre un silencio y otro? El aire la lleva, esa piedra es palabra, silencio de un fondo consciente, sombra encendida.

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Esta entrada se publicó originalmente en el blog Cosas de mimbre.

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